Nuestra Historia

Temprano, en los comienzos de la Iglesia Evangélica en Honduras, hubo instancias en las que representantes de las distintas misiones evangélicas se reunieron para confraternizar y coordinar su labor misionera, culminando en enero de 1959 con la formación de lo que se conoció como ALIANZA EVANGELICA HONDUREÑA.

Entre 1980-1985 surgió otro esfuerzo denominado ALIANZA MINISTERIAL EVANGELICA NACIONAL (AMEN), con el mismo propósito de procurar la confraternidad cristiana.

La desintegración de AMEN genero un vacío. Y en 1987 nace LA CONFRATERNIDAD EVANGELICA DE HONDURAS (CEH), respondiendo al anhelo histórico de la comunidad cristiana evangélica expresado a través de sus líderes, en el sentido de contar con un organismo que le facilitara sostener vínculos fraternales y hacer realidad el deseo de Jesús:

“que todos sean uno, como tu oh Padre en mi, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tu me enviaste” (Juan 17:21).

En julio de 1996, el Gobierno de Honduras reconoce legalmente a la CEH, otorgándole su Personalidad Jurídica, según resolución N° 142-96.

La CEH, también ha logrado reconocimiento internacional en el campo evangélico. Actualmente es miembro de la Alianza Evangélica Mundial (WEA), de la Confraternidad Evangélica Latinoamericana (CONELA) y de la Confederación Evangélica de Centroamérica (CEDECA).

Es así como los esfuerzos a favor de la unidad realizados por diversos líderes durante varias décadas, comienzan a producir frutos. Hoy día, la CEH. que es oficialmente la institución representativa de la Iglesia Evangélica de Honduras, tiene esquemas organizacionales y administrativos definidos.

Además de la Personalidad Jurídica, cuenta con su Reglamento Interno, Declaración de Visión, Declaración de Misión y Declaración de Valores, documentos que expresan la legislación y el pensamiento filosófico de nuestra organización. Dichos documentos se publican a continuación para conocimiento del conglomerado evangélico y la sociedad hondureña en general.

No podemos poner punto final a esta reseña histórica de la CEH, sin antes elevar una palabra de gratitud a nuestro Dios por acompañarnos en este largo camino en busca de la unidad de la Iglesia. A Él sea la honra y la gloria eternamente.